Pero yo no estoy hecho para juegos sexuales, ni para cortejar a un espejo compasivo. Yo estoy lacrado toscamente, sin la majestuosidad amorosa para lucirme ante una ninfa impúdica y ramera. Yo carezco de proporción adecuada, timado en mi aspecto por la hipócrita naturaleza, deforme, sin terminar, enviado a este mundo palpitante antes de hora, medio hecho, y tan tullido y grotesco que hasta los perros me ladran si me paro a su lado. En esta plácida y armónica época de paz no me divierte perder el tiempo, sólo si espío el dibujo de mi sombra bajo el sol y compongo variaciones a mi propia distorsión. Y ya que no doy el tipo como amante entretenido en estos bonitos tiempos de galantería, me propongo hacer el papel de villano y odiar los fatuos placeres de estos felices días.
Este es un fragmento del monologo de Ricardo III en la obra de Shakespeare que lleva su nombre. La verdad es que no le deja como un señor atractivo ni nada que se le parezca pero hoy , con lo que os voy a contar, vamos a ver si esa era su verdadera imagen o solo propaganda que interesaba a los Tudor.
Eso si, no voy a hablar de muertes sino de donde apareció que tiene también narices ese sitio para un rey...




